
Es terriblemente necesario que te mueras, y que contigo lleves el lamento y el transfondo del deseo que se escapa y se aniquila, como una lámpara que arde sin aceite consumiendo la noche entre sus luces, como un capricho milagroso que apunta al fondo, donde en un principio había sombras y el segundo día aun no se cuenta en ausencias de estrellas y de horas.
Tendrás que callar las voces y sembrar el lamento de la luna nueva, cosechando el secreto de la noche y ocultarlo tras la lengua donde el pensamiento no lo conforte y las caricias no le roben alguna ansia reprendida que aun siga buscando castigo eterno…
Por la mañana serás centinela de alguna estrella fugaz, del alba no nacida, de los días con sus noches y del aura de los espantos que tentativamente te dominan y aun sin ánimos caminan deambulando entre tu talle y forma, donde las luces no fermentan ya los sueños que en huelga aun apuestan por florecer.

Amaneciendo entre las horas de polvo que estrechamente se deslizan, vagaras como un lamento tras la memoria divina de un día que aun no llega ni se precede, guardándote visiones de tierra y carne que en raras voces aun germinan aromas de inocencia y de castigo reprimido…serás hambruna necesaria y alimento de palabras eternamente cada vez que te ore en este escrito…
Fototropismo
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